“La reforma no era la solución: necesitamos más renovables y menos dependencia del gas”

En las Navidades de 2013, cuando estaba vigente la Tarifa de Último Recurso, cuyo precio se fijaba en las famosas y desaparecidas subastas CESUR, las energías renovables eran para el Gobierno las grandes “culpables” del encarecimiento del precio de la energía, del origen del déficit tarifario y la razón de tuviéramos una de las tarifas de electricidad más caras de Europa.

Coincidió, casualmente al parecer, el anuncio del ministro del ramo de que Hacienda no aportaría 1.800 millones de Euros para minorar el déficit tarifario con una subida anormal del precio de la energía en el mercado mayorista y que tuvo su reflejo en el resultado de la subasta CESUR del momento.

Esta situación desencadenó una serie de declaraciones por parte del Gobierno contra las eléctricas que quedaron en agua de borrajas. Pero, a cambio, trajo una reforma eléctrica que, a base de recortar la retribución comprometida a las renovables, presuntas culpables de los males del sector, equilibraría los ingresos y gastos del Sistema y ya, de paso, se dejaba caer que situaciones en la que el precio de la energía subía anormalmente, llegando al entorno de los 100€ MWh, no volverían a darse.

Con el paso de los años, dicho esto con toda la ironía, podemos sacar las siguientes conclusiones:

  • Que la moratoria renovable del RDL 1/2012, recién llegado el señor Mariano Rajoy a la presidencia del Gobierno, no ha servido para abaratar ni los costes del que precisa encaje de bolillos para no generar déficit tarifario, ni el precio del mercadomayorista que si fue anormalmente bajo en 2016 se debió a circunstancias completamente ajenas a su control.
  • Que la reforma de la Ley del Sector Eléctrico y la modificación radical del marco retributivo de las energías renovables han sembrado la inseguridad jurídica en el Reino de España y que, si el CIADI falla a favor de los demandantes en los arbitrajes internacionales que dirimen sobre los perjuicios causados a los inversores internacionales, nos enfrentaremos a un problema económico y de reputación similar al de las cláusulas suelo de las hipotecas.
  • Que es el gas y no las renovables el que está encareciendo el precio de la electricidad en España. No es descabellado pensar que, junto a las circunstancias que explican los altos precios de estas semanas, se estén produciendo movimientos especulativos que empeoran la situación, aunque, en esta última parte no podemos más que lamentarnos, porque especulación, volatilidad y mercados son conceptos asociados para lo bueno y para lo malo.
  • Que debemos tener por seguro que, si eliminásemos la aportación a la demanda de las renovables, veríamos precios en el Pool todavía más caros.
  • Que, en un entorno de regulación europeo, los anuncios del Gobierno para controlar el precio de la energía son brindis al sol. En los costes regulados está el verdadero potencial de ahorro del Sistema para ayudar a competir a nuestras empresas y para no seguir castigando el bolsillo de los consumidores.

Seguimos sin afrontar un grave problema de nuestro mix de generación. No son pocos los profesionales del sector que justifican que tengamos 27.000 MW de ciclos combinados de gas para cubrir la demanda en caso de escasez de otros recursos como las renovables. La seguridad de suministro es un criterio imprescindible, pero diametralmente opuesto a la eficiencia de costes. Recordando que a estos ciclos se les retribuye con el concepto de “Pagos por Capacidad”, REE, como Operador del Sistema, debería asegurarse de que realmente estos ciclos están en situación técnica y económica de ofrecer respaldo.

[…]

Naturalmente me inclino por una mayor potencia instalada renovable que nos permita una menor dependencia de combustibles como el gas, que no tenemos, y que junto al incremento de las interconexiones son los ingredientes para un sistema eléctrico fiable y sostenible económica y medioambientalmente hablando, porque toda la generación térmica requerida en esta situación supone un doble perjuicio para nuestros bolsillos; de forma directa en el precio de la energía y de forma indirecta en la balanza comercial, en el mercado de CO2 y en nuestra salud.

Accede aquí al artículo completo publicado el 23 de enero en El Periódico de la Energía

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