“Las renovables reclaman abordar ya el proceso de transición energética”

Resumen del Observatorio sobre el futuro de las energías renovables en España organizado por elEconomista

El Acuerdo Climático de París entrará en vigor este mismo año, porque tras la reciente ratificación de la UE se ha alcanzado el cuórum suficiente. Gracias al Acuerdo se producirá un gran aumento de la inversión global en energías renovables, dentro de un proceso de transición energética para conseguir una economía neutra en emisiones de CO2 a mediados de siglo. Muchos países ya se aprestan a ello, con los concursos como principales herramientas para crecer.

Con ese escenario de fondo, en España se debate sobre el exceso de capacidad del sistema eléctrico y la necesidad de incorporar nuevas renovables en los próximos años para abastecer una demanda que permanece plana. La Planificación eléctrica en vigor quiere conectar 8.476 MW hasta 2020, pero muchos opinan que no se cumplirá.

Para analizar con detalle la situación, elEconomista ha organizado un Observatorio sobre el futuro de las energías renovables en España, en el que han participado David Noguera, director de Financiación Estructurada del Banco Sabadell; José María González Vélez, presidente de Gesternova; Heikki Willstedt, director de políticas energéticas de la Asociación Empresarial Eólica (AEE); José López-Tafall, director de regulación de Acciona; José Mª Marcos Fano, jefe de Departamento de Política Energética y Desarrollo Sostenible de la Asociación Española de la Industria Eléctrica (Unesa); y Juan Diego Díaz, director de Marketing de Gamesa. El encuentro contó con la moderación de Rubén Esteller, jefe de Redacción de elEconomista.

Fiscalidad sobre el carbono

Abrió el fuego José Mª González Vélez, aseverando que el camino emprendido por las energías renovables no tiene vuelta atrás. Subrayó que no compiten en condiciones de igualdad con las tecnologías convencionales, porque éstas externalizan sus costes ambientales, y reclamó un mecanismo que permita equilibrar el juego; no ayudas -“no las quiero”, concretó-, sino una tributación que tenga en cuenta esos impactos ambientales: “Con una fiscalidad sobre el carbono, las renovables pueden introducirse y a una velocidad adecuada”.

“Con una fiscalidad sobre el carbono, las renovables pueden introducirse y a una velocidad adecuada”  José Mª González Vélez, Presidente Gesternova

Se declaró contrario a las subastas, puesto que no permiten el desarrollo de las tecnologías inmaduras y, como en posteriores intervenciones, recordó que el fomento de las renovables comenzó en España como una forma de reducir las importaciones energéticas: “Nos gastamos los ingresos del turismo, cuando podemos producir aquí la energía”.

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250 euros al año per capita

También, lógicamente, se departió sobre el coste del proceso de transición energética. De acuerdo con un reciente estudio de Deloitte -cuyos datos se manejaron sin citarlo expresamente-, conseguir que la economía española sea neutra en carbono en 2050 exige una inversión de 10.000 millones de euros anuales, o, lo que es lo mismo, de 250 euros por habitante y año. Los expertos estuvieron de acuerdo en que es una cantidad asumible y acorde con la inversión en energía de pocos años atrás, pero también reconocieron que sería muy conveniente modificar la presión sobre las familias para evitar el rechazo.

Cobró relevancia en el coloquio el hecho de que la electricidad, al disponer de tecnología eficiente y eficaz, está cargando con la mayoría del peso de la descarbonización, y se reclamó que todo el mercado energético, incluyendo los usos térmicos y -sobre todo- el transporte, contribuyan a sufragar el coste de la transición. Junto a ello, debería ganar relevancia la eficiencia energética -se afeó al Gobierno que las empresas contribuyan obligatoriamente al Fondo Nacional de Eficiencia Energética sin alternativa de mercado- y la fiscalidad ambiental, aplicando con rigor el principio de quien contamina, paga.

En última instancia, la voluntad política, y enfocar la transición como una oportunidad económica para crecer y no como un lastre, son fundamentales. Esta voluntad política -abiertamente puesta en entredicho-, tendrá la primera piedra de toque en 2018, año en que España debe preparar un Plan para cumplir los objetivos climáticos y energéticos de la UE del año 2030. Y más adelante, en 2025, corresponde la primera revisión de los objetivos acordados en París, que presumiblemente serán más exigentes si se quiere limitar el incremento de la temperatura global a 1,5º centígrados al final del siglo.

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