Vehículo eléctrico, sí; con energías renovables, por supuesto

Artículo escrito por Jorge González Cortés, Director Comercial y de Marketing de Gesternova publicado en la Guía del Vehículo Eléctrico II

Estamos protagonizando los primeros momentos de un cambio de era que va a estar marcado por la forma de dotarnos y usar la energía. En efecto, estamos en los albores, mejor dicho estamos ya inmersos en un cambio de modelo energético que va a tener consecuencias en muchos ámbitos: desde nuestro modelo productivo a numerosos aspectos de nuestra vida cotidiana, pasando por las relaciones geoestratégicas o los equilibrios sociales. Y como elemento clave en este proceso, quizás podríamos decir que paradigmático de este cambio, figura el vehículo eléctrico cuya alimentación –dado que forma parte de ese proceso de cambio de modelo energético- no podemos vincular más que a una generación eléctrica producida por fuentes de energía renovables. Esa relación inexorable entre vehículo eléctrico y renovables, esa vinculación imprescindible desde nuestro punto de vista es la que voy a exponer en este capítulo.

El cambio de modelo energético

Desde hace dos siglos la sociedad emplea como forma más habitual de obtener energía la combustión de fósiles, ya sea carbón, petróleo o gas. Este modelo que ha permitido un importante desarrollo industrial especialmente de los países occidentales y un alto grado de confort para buena parte de sus habitantes (lamentablemente sus beneficios no se han universalizado) sin embargo contribuye de forma decisiva a provocar uno de los principales problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad: el Cambio Climático. Las emisiones de Gases de Efecto Invernadero que se generan con el uso de estos combustibles fósiles provocan el efecto que a su vez, está elevando la temperatura del planeta de forma anómala y con un origen antropogénico que hoy la comunidad científica valida casi unánimemente.

No sabemos todavía si es demasiado tarde, pero empezamos a reaccionar no con la determinación que la dimensión del problema requiere pero sí al menos marcando la ruta hacia una descarbonización de nuestro modelo energético y también del conjunto de nuestra economía. Reducir las emisiones de CO2 es ya un objetivo comúnmente aceptado y eje principal de las políticas energéticas de la Unión Europea. Hoy el consumo mundial de energía está basado en la combustión de fósiles en un 78,4%, con un peso del conjunto de las renovables del 19% y un 2,6% de la energía nuclear.

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Gráfico 1. Consumo mundial de energía.

 

En paralelo a este reto planetario han surgido otros problemas originados por el modelo energético actual. Uno muy relevante es el de la contaminación del aire que respiramos en las ciudades donde las emisiones de industrias, calefacciones y vehículos que en ellas se concentran hacen irrespirable ese ambiente, lo que conocemos como contaminación atmosférica. En las últimas décadas ese problema se ha paliado en parte con la localización fuera de los núcleos urbanos de buena parte de las industrias, con la sustitución del combustible tradicional de las calderas domésticas, el carbón, por otros menos contaminantes como el gas (menos no significa limpios) y por la reducción de emisiones de los motores de gasolina. Sin embargo, lo que se ha ganado en reducción de emisiones de CO2 se ha perdido con la “dieselización” de nuestro parque automovilístico (especialmente en España) lo que supone un incremento notable de las emisiones de dióxido de nitrógeno (N02) muy perjudiciales para la salud.

En este punto, la aparición del vehículo eléctrico como respuesta a estos problemas y a otros no menos importantes, como puede ser el ruido provocado por los motores de combustión, es una reivindicación del sentido común que no podíamos ignorar, una necesidad que no debía dilatarse más en el tiempo. De hecho, ya se ha retrasado casi dos siglos que es lo que tiene de historia la automoción alimentada por electricidad, invento “congelado” en el tiempo por los fuertes vínculos que han ido tejiendo la industria del motor y las grandes corporaciones petroleras.

 

La movilidad sostenible

Uno de los pilares de cualquier política energética que busque la sostenibilidad tanto en sus aspectos ambientales como de seguridad de suministro o competitividad tiene que ser, sin lugar a dudas, la movilidad sostenible. Para movernos de un sitio a otro seguimos usando casi exclusivamente la combustión de fósiles; en la aviación o en los desplazamientos por carretera con algo más del 99% y solo en el ferrocarril encontramos un 24% de electrificación, porcentaje lamentablemente demasiado bajo. Todos estos datos (MINETUR) corresponden al consumo de energía en España en el que la electricidad solo cubre un 25% de la demanda. El esfuerzo de penetración de las energías renovables (incluida la gran hidráulica) en nuestro país que ha permitido que en 2014 se alcanzara el 42,8% de la demanda (REE) no ha tenido correspondencia en el sector del transporte. Sin embargo, los objetivos 20/20/20 que la Unión Europea ha fijado para el conjunto de los países miembros no lo son exclusivamente para el sector eléctrico sino para el conjunto de la cobertura de la demanda. Es hora, pues, de que el transporte asuma la parte que le corresponde de la lucha contra el Cambio Climático con la reducción de emisiones más allá del innegable avance que ha supuesto la progresiva reducción de las mismas por vehículo que se ha producido en los últimos lustros.

Es más que razonable que en un sistema eléctrico como el nuestro, con más de 104.000 MW instalados y con puntas de demanda actuales de 40.000 MW, hagamos un esfuerzo por electrificar nuestro parque automovilístico. Debemos generar electricidad con renovables y reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Especialmente en una economía como la nuestra que tradicionalmente importa más del 80% de la energía primaria que consume y que se gasta en ello al año el equivalente a los ingresos nacionales por turismo extranjero. Si limitamos la cifra de importación al petróleo, alcanzamos una dependencia del 99,5%

La electrificación del transporte puede tener en las energías renovables destinadas a la generación de electricidad un gran aliado para consolidarse y superar sus inconvenientes de no gestionabilidad y de no garantizar el suministro.

La electrificación del transporte puede generar una simbiosis entre vehículo eléctrico y renovables. El primero generará demanda en las horas valle del Sistema y las segundas a cambio abaratarán el precio de la energía para reducir el coste de la recarga de baterías.

Habrá otro beneficio inherente y es que el binomio renovables-vehículo eléctrico hará más sencilla la gestión de las renovables disponibles y por tanto simplificará y abaratará los costes de operación del Sistema Eléctrico como veremos extensamente más adelante. Corresponde al vehículo eléctrico el papel central de ese cambio junto con la electrificación total de la infraestructura ferroviaria.

Puede parecer una tarea imposible de alcanzar cuando hoy en nuestro país apenas superamos los 1.500 vehículos eléctricos puros pero quizás no lo es tanto cuando vemos que las ventas se duplican cada año en el mundo o se triplican en la Unión Europea. (Tabla 1).

Tabla 1. Ventas de vehículos 2012 y acumulado a 2013.
Tabla 1. Ventas de vehículos 2012 y acumulado a 2013.

No cabe ninguna duda que el regreso del vehículo eléctrico, que ya tuvo su protagonismo en los primeros momentos de la historia del automóvil, va a tener una evolución similar a otras innovaciones tecnológicas cuya velocidad de implantación nos ha sorprendido. Nadie hace veinte años había previsto un desarrollo tan rápido de la telefonía móvil o hace cinco de las “tablets” y algo parecido puede suceder con el vehículo eléctrico.

Su implantación no debe suponer exclusivamente cambiar de forma de alimentar el motor de un coche sino que debe venir acompañada de otras características ligadas a la sostenibilidad, a los criterios más respetuosos con el entorno que justifican de manera global esta opción. Por supuesto el refuerzo de la red de recarga de los vehículos es fundamental para el desarrollo del vehículo eléctrico; no olvidemos que nuestros coches pasan más tiempo parados que en circulación y en esos tiempos deberemos tener todas las facilidades posibles y alargar así su autonomía.

Retomando los argumentos económicos podemos hablar de la sencillez de su mantenimiento como una de sus principales fortalezas. Tiene muchas menos piezas de desgaste que un coche de motor de combustión y menos líquidos que reponer o sustituir, es decir, menos generación de residuos, lo que se traduce en menos visitas al taller y por tanto un menor coste que sumar al significativo ahorro que supone su alimentación. Efectivamente, el coste del “combustible” por cada 100km es insuperable respecto a los motores de combustión interna. Hablamos de entre uno o dos euros por cada cien kilómetros recorridos por el vehículo eléctrico frente a los 7€ del convencional. (Ver Tabla 2). Todo esto asumiendo que los combustibles fósiles externalizan gran parte de sus costes independientemente de su cotización en los Mercados. El vehículo eléctrico seguirá siendo más barato por kilómetros recorridos. Lo que sí debemos esperar de esta coyuntural bajada de precios del petróleo es que, al menos, sirva a muchos países para retirar subvenciones a los combustibles fósiles como de hecho ya está ocurriendo en algunos como en la India.

Tabla 2. Comparación de costes vehículo eléctrico y diésel.

 

Como no cabe duda de que el mayor coste de adquisición del vehículo eléctrico se compensa claramente con el ahorro en combustible, nos gusta señalar lo que ha sucedido con el cambio que se ha producido en nuestro parque automovilístico con el vuelco hacia la “dieselización” porque el gasoil es más barato que la gasolina a pesar del mayor coste de adquisición de los coches diésel o de su mayor demanda actual. Consideramos que el mismo razonamiento que han empleado millones de propietarios (cuando antes se tardaba años en amortizar la inversión inicial) se debe aplicar ahora con muchas más razones con el coche eléctrico. Y además con una ventaja, los eléctricos son limpios mientras que hoy en día gran parte de la contaminación de las ciudades tiene como causante el uso masivo de gasoil.

Además, en muchos modelos, se piensa en el entorno desde su diseño, materiales, reciclaje después de su uso…. Efectivamente, como parte de una nueva era de la industria del automóvil, los coches eléctricos se conciben y producen con criterios medioambientales muy exigentes y en muchos casos con materiales reciclados y/o reciclables. Y, en consecuencia, las administraciones, principalmente las locales, premian el respeto al medio ambiente con ventajas para este tipo de automóviles.

Para los aficionados al automóvil, el vehículo eléctrico no supone una amenaza sino un cambio de uso de los coches actuales. El motor de vapor no acabó con los caballos que habían sido el medio de transporte habitual hasta la fecha, sino que dieron a estos un uso más lúdico tal y como conocemos hoy.

¿Ventaja ambiental? Sí con renovables

Por supuesto, podemos concluir que las ventajas medioambientales son evidentes e incontestables; la menor necesidad de energía para recorrer la misma cantidad de kilómetros a un menor precio y con mayor eficiencia por kW es lo más evidente. Pero lo más importante llega a la hora de valorar las emisiones de partículas, CO2 o NOX, causantes del Cambio Climático y de la contaminación atmosférica. Podríamos pensar que de entrada hay que darle la máxima puntuación al vehículo eléctrico, sin embargo nos estaríamos engañando si en origen esa electricidad ha sido generada con combustibles fósiles y no con energías limpias. No sería justo que para limpiar el aire de nuestras ciudades, tengamos que seguir contaminando otros entornos y contribuyendo al principal problema que afecta al planeta en su conjunto. Por eso es esencial que el desarrollo del vehículo eléctrico esté ligado inexorablemente a que su recarga sea con fuentes de energía limpia, es decir con energías renovables.

 

Regulador del sistema eléctrico

Otro aspecto que no debe olvidarse es su contribución a la gestión de la demanda, que es otra de las líneas básicas del nuevo modelo. No cabe duda de que el papel del coche eléctrico como herramienta para contribuir a la gestión de la red debe ser una de las claves para su implantación. Las renovables tienen un aliado en él que puede absorber la generación eólica nocturna en horas en las que la demanda del Sistema disminuye y existe generación ociosa.

Las baterías con las que funcionan los vehículos pueden recargarse cuando hay excedentes de electricidad de origen eólico. En un futuro no muy lejano, se podrá verter la electricidad almacenada a la red en las horas punta, actuando como un sistema de almacenamiento distribuido de forma similar a las centrales reversibles de bombeo, pero a una escala mucho mayor e implicando a miles o millones de vehículos que, además, pasan la mayor parte del tiempo aparcados. La integración bidireccional entre la red y los vehículos eléctricos crea las condiciones para integrar generación de electricidad y transporte, abriendo un nuevo horizonte a la energía eólica y otras renovables, que podrán superar muchas de sus limitaciones actuales.

Si consideramos el papel de las interconexiones que actualmente se están ampliando con nuestros vecinos de Francia y Portugal, añadimos otra ventaja en la operación del Sistema con efectos positivos en toda la Unión Europea.

El consumo eléctrico de una reconversión paulatina del parque de vehículos en España no plantea problemas irresolubles, e incluso puede contribuir a mejorar la gestión de la red (redes V2G). Un vehículo que consuma 14 kWh por cada 100 km (los consumos oscilan bastante, de 10 a 20 kWh por cada 100 km) y que recorra unos 15.000 km anuales, consumiría al año 2.100 kWh.

En un horizonte no lejano, podrían existir redes eléctricas reversibles (V2G, de la red al vehículo en horas valle y del vehículo a la red en horas punta), en las que las baterías de litio de los vehículos pudiesen almacenar la electricidad producida por la noche o en horas de baja demanda y venderla a la red a un buen precio en las horas punta.

En este sentido, ya se ha apuntado que la electrificación del transporte en las dos próximas décadas puede tener la misma fuerza impulsora para las renovables como la que tuvo el motor de combustión interna a principios del siglo XX para la industria petrolífera.

Por otra parte, a medida que se desarrolle el componente clave para mejorar la autonomía del vehículo eléctrico, es decir, la batería, se podrá avanzar también en algo, aparentemente ajeno, como lo es el autoconsumo.

Y decimos que esta diferencia es sólo aparente porque, si hoy muchos sistemas eléctricos dependen de una conexión a red para cumplir su cometido, el desarrollo de la tecnología de acumulación de electricidad permitirá que nuestro sistema de autoconsumo pueda funcionar completamente aislado del sistema eléctrico o sólo conectado como medida de seguridad. Esto se traducirá en un ahorro para el sistema que deberá mantener unas redes de distribución más reducidas y menos saturadas.

Por tanto acumulación de electricidad más renovables son el combinado ideal para que “fabriquemos y consumamos nuestra luz” en casa. Es aquí donde el coche eléctrico promoverá el autoconsumo porque la tecnología de acumulación que desarrolle la industria de la automoción podrá ser aplicada en nuestros hogares para acumular la energía generada con fuentes renovables. Otra razón más para fomentar su uso.

El coche eléctrico promoverá el autoconsumo porque la tecnología de acumulación que desarrolle la industria de la automoción podrá ser aplicada en nuestros hogares

 

Si lo pensamos bien, el automóvil convencional transforma en energía cinética tan sólo un 20% del combustible de origen fósil almacenado en su depósito disipando gran cantidad de energía en forma de calor. Todo esto con el inconveniente de haber destruido la fuente de energía primaria, es decir, la porción de petróleo que usamos para generar movimiento del motor. Cómo las renovables son inagotables, este problema no se da y solamente tiene que vencer el inconveniente de la acumulación en el caso de los coches de funcionamiento eléctrico.

El futuro debe plantearse con una presencia mayor de fuentes renovables, un fuerte desarrollo del coche eléctrico y una normalización y expansión de los sistemas de autoconsumo para prescindir al máximo de las redes de distribución y transporte, aliviando así las tareas del Operador del Sistema y reduciendo los costes de distribución.

El siguiente paso después de la carga de vehículos con energía proveniente de fuentes renovables a través de la red de distribución y transporte será la generación con renovables en el lugar de recarga.

 

El papel del Gestor de carga

Por último, es necesario referirse a la figura del Gestor de carga que se ha creado en nuestra normativa y que puede ser muy positiva si no se entiende como elemento excluyente de otras modalidades que faciliten la carga del vehículo eléctrico. Consideramos en primer lugar que esa figura no debe ser en ningún caso una barrera para el desarrollo e implantación del coche eléctrico; debe tener un papel fundamental para que en determinadas condiciones y circunstancias (por ejemplo, la atención en la vía pública) su “profesionalización” garantice un servicio correcto y con todas las garantías. Pero también creemos que su existencia no debe ser un freno para que otro tipo de servicios (por ejemplo, grandes centros de distribución, hoteles, garajes, etc.) puedan facilitar al usuario la recarga. El suministro de electricidad para la recarga del vehículo eléctrico no debe seguir el modelo de exclusividad en paralelo al que se ha creado para las gasolineras. Almacenar y distribuir combustible no es, ni mucho menos, lo mismo que poner un enchufe a disposición de un tercero, como sucede por ejemplo en los puertos deportivos o al dejar que un amigo cargue su móvil en casa.

Y lo que es más importante, entendemos que la normativa debería obligar a esos Gestores de carga a suministrar energía renovable con la aplicación del vigente sistema de Garantías de Origen.

El vehículo eléctrico ha vuelto para quedarse, sí, pero siempre vinculado a la energía limpia, a la alimentación con electricidad de origen renovable.

 

Informe escrito por Jorge González Cortés, Director Comercial y de Marketing de Gesternova. Publicado en la Guía del Vehículo Eléctrico II

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